A continuación, tenemos la partida de Xogón que ha jugado a Single Samurai de Michanikos.
Podéis seguir sus creaciones en su blog.
Por último, recordamos que las bases la podéis encontrar aquí.
Introducción
Single Samurai es un pequeño juego inspirado por la película «Los siete samuráis» de Akira Kurosawa. Aunque es eminentemente narrativo, incluye una tirada de dados para comenzar cada una de las tres semanas que serán cronificadas. Mediante un sencillo sistema que usa unas tablas, ayuda tanto a imaginar lo que sucede durante ese tiempo como a preparar el final de la aventura.
A modo de transparencia, en la transcripción incluyo tanto las tiradas como mis decisiones.
Partida
Solo se hablaba de dos cosas en la única izakaya de aquella villa: si serían ciertos los rumores de que los bandidos llegarían después de la cosecha y quién era ese misterioso ronin que acababa de llegar. Sobre lo primero, no tenía ni idea. Sobre lo segundo, podría haberles contado toda mi vida, pero preferí mantenerme tranquilo por una vez en la vida.
Nadie se imaginaba que me convertiría en una celebridad local antes del próximo cuarto menguante.
Tirada primera semana: 1, 1, 4, 5, 9. +2 materiales.
Al salir al día siguiente de la posada, me encontré con dos mujeres y dos hombres de rodillas ante mí. Me rogaban que les ayudase a defender la futura cosecha ante los bandidos, porque no había sido un buen año y era su único sustento de cara al próximo invierno. Esperaban que un ronin los protegiera de a saber cuántos otros equivalentes por una miseria de arroz. Una locura. Aún así, accedí a ayudarles a preparar una línea de defensa durante una semana. Después de todo, no tengo prisa por continuar mi camino y no creo que los bandidos ataquen todavía.
Todas las mañanas talábamos cipreses y bambú.
Todas las tardes construíamos empalizadas, armas y armaduras.
Todas las noches discutíamos el plan de defensa.
Fue precisamente la última noche de la semana cuando entendieron que era un ronin por herencia de mi padre. Al contrario que él, nunca perdí el favor de mi señor porque nunca tuve señor. Algunas voces dijeron que mi falta de experiencia en lucha organizada significaba que no merecía el arroz que ponían en mi plato. Decidí quedarme una semana más para hacerles ver que no podían estar más equivocados.
Tirada segunda semana: 2, 5, 6, 9, 9. +3 entrenamiento.
A primera hora de la siguiente mañana reuní a todas las personas dispuestas a luchar. No eran muchas, así que teníamos equipamiento de sobra para todas. Luché y gané contra todas en un pequeño ejercicio para conocer sus capacidades, pero fue un comienzo prometedor. Me esforcé toda la semana en que cada una manejara, de la mejor manera posible, las armas más apropiadas a sus diferentes personalidades. Pero, al mismo tiempo, no podíamos confiar la supervivencia de la villa a un choque frontal, por lo que practicamos técnicas de subterfugio para que la sorpresa de la defensa armada juegue a nuestro favor.
Una sorpresa equivalente a la que llevé yo cuando llegaron las nuevas informaciones sobre el grupo de bandidos. Efectivamente iban a atacar en siete días, como ya imaginábamos, pero nadie sabía que su jefe era el mismísimo Kyokutei Nagamasa. Un ronin sin escrúpulos con el que comparto apellido. Desde ese momento se convirtió en algo personal. Tenía que permanecer aquí hasta el día del ataque.
Tirada tercera semana: 5, 7, 8, 8, 8. +4 espíritu.
Fue entonces cuando el zen se adueñó de mí. Se trata de una de las dos herencias que me dejó mi padre, quien, sin duda, se encontraba en un estado similar a unos pocos kilómetros de mi posición. Pasé toda la semana meditando, intentando ver mi propia naturaleza. Únicamente me permitía algunas pausas después de comer para supervisar los trabajos de defensa y confraternizar con los valientes pueblerinos. Había renunciado a seguir cobrando y la villa brillaba por sí misma como un campo de cerezos a punto de perder todos sus pétalos.
Comprobación de requisitos finales: nivel de batalla insuficiente, el protagonista muere.
Y llegó el día.
Nuestras exploradoras vieron la vanguardia enemiga al amanecer y todos pasaron a ocupar sus puestos.
No hubo desertores.
No hubo miedo.
No hubo piedad.
Los bandidos no esperaban esa defensa tan férrea, pero el invierno se antojaba también duro para ellos y no tenían otra opción que seguir con el asalto. El único pobre que intentó cambiar de rumbo se encontró con la espada de su jefe, Kyokutei Nagamasa, en la garganta. Lo presencié en primera persona y quise que esa fuese la única muerte que causase ese tirano. Esperé a que se acercase más, hiriendo a algunos de sus sicarios sin sacarle el ojo de encima. Él no parecía prestarme atención, la lucha iba mal para los suyos y no paraba de dar órdenes. Esperé a que se acercase más. Lo miré fijamente a los ojos. Me vio y se preparó para el duelo; el zen parecía ser su dueño. Lo único que rompió su tranquilidad fue cuando grité mi nombre a la vez que me lanzaba hacia él.
Un único choque y el duelo terminó. La katana cortó la yugular. Caí de rodillas. Mi padre, con la hoja llena de sangre, preguntó «¿por qué?» al tiempo que mi alma salía de mi cuerpo.
Poco después Kyokutei Nagamasa cantaría retirada. Estaba claro que no iba a conseguir su objetivo. La aldea aguantó con pocas bajas y mi padre tuvo que trazar un nuevo plan para alimentar las bocas de los suyos que quedaron vivas.
A mí me constituirían un pequeño monumento en el lugar donde morí. Espero que mi hijo, también ronin, no se encuentre nunca con su sanguinario abuelo.